El simple hecho de ser delgada

Julio 17, 2008

Aquí va una confesión.

Adoro el status que obtengo por el simple hecho de ser delgada. ¡Qué estupidez! Esa es una de mis más profundas superficialidades. Aunque es obvio que voy por la vida ligera y tranquila, mientras los demás sufren y se hunden en frustración por su sobrepeso. Sé que suena egocéntrico, y estúpido, pero precisamente por eso, es una confesión.

No siempre agradecí ser delgada, es hasta ahora, a mis 19 años, que lo aprecio. Toda mi infancia la pasé odiando mi complexión pues siempre era un problema encontrar ropa que me quedara, y siempre que iba de compras terminaba sintiendo que toda la ropa estaba diseñada para gordos. ¡Los gordos eran tan afortunados!

La pubertad y la adolescencia probablemente fueron las épocas más crueles con mi autoestima, pero eso no es una gran sorpresa. ¿Quién podrá recordar esas épocas con una absoluta sonrisa? Yo era, y soy, plana plana, no totalmente desgraciada porque fui compensada, pero a esa edad lo único que yo podía notar eran mis diminutos, casi inexistentes pechos. Las burlas y comentarios eran crueles, y los días de compras eran los peores, los vestidos o blusas eran ridículos en mí, y lo único que le pedía a las prendas era que no hicieran más evidente mi defecto.

Pasó el tiempo, y a la mitad de la prepa, ya estaba resignada a que así me había tocado ser. Las burlas y comentarios, por supuesto seguían, y aunque ahora menos crueles y más “amigables”, me seguían afectando, aunque no tanto como en aquella edad en la que el más mínimo gesto es una puñalada directa al corazón.

Después entré a la universidad, arrastrando todos mis complejos de niña flaca plana sin chiste ni gracia. Fue ahí que noté que no sólo era flaca y plana, era mucho más.

Me gustaría decir que yo sola llegué a esa conclusión, pero me hizo falta que alguien más, muchos más me lo dijeran. Es una lástima, ¿no creen? Pero fue necesario escuchar comentarios positivos de mi cintura, piernas y caderas para ver, que en realidad, sólo era uno el problema. Me di cuenta de que todo este tiempo me había concentrado en una única imperfección, ignorando todo lo demás. Mis compañeros sin saberlo y probablemente sin quererlo, me hicieron aceptarme, quererme, y muchas veces adorarme, tal y como soy físicamente.

Y es así como llegué a lo que soy el día de hoy, una mujer de 19 años, contenta con su aspecto físico, algunos días menos que otros, pero al fin y al cabo, hay un sentimiento general de aceptación, rayando a veces en la superficialidad.

Es ahora que veo lo que yo debo ver, el mundo muchas veces es más fácil para los delgados, no debería ser así, pero no creo que sea malo disfrutarlo, después de todo, he aguantado críticas de esta misma sociedad. ¿Por qué no acoger los cumplidos también? Para eso están las modelos, la talla 0 que tantos condenan, los vestidos que sólo nos quedan a algunas, todos enormes cumplidos que me ofrece la sociedad.

Tal vez de eso se trata eso tan difícil de aceptarse a uno mismo, gordo, flaco, sin o con chiste. Hay que tomar lo que nos conviene, e ignorar lo que no. Todo se reduce a hacer limonada con los limones que te dio la vida, y no lo digo sólo porque a mi me los dio, casi literalmente.

Entry Filed under: Uncategorized. Etiquetas: , .

Leave a Comment

Required

Required, hidden

Some HTML allowed:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


 

Julio 2008
L M X J V S D
« Feb   Mar »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

Etiquetas

amistad amor autoestima brackets cabello calificaciones chicos corte Daniel dentista dientes día de San Valentín días festivos escuela examen exámenes físico hombres Laura Luis película pensamientos planes

Entradas recientes